Expectativas y realidad

Las expectativas y la realidad a menudo no van de la mano.

Una de las primeras preguntas que hago durante la valoración nutricional inicial es ¿para qué quieres venir a consulta de nutrición? Parece una pregunta con respuesta fácil, pero no lo es.

La alimentación nos afecta a todos los aspectos de nuestra vida, y a la vez, todos los aspectos de nuestra vida nos afectan a la alimentación. Por tanto, sea cual sea nuestro objetivo nutricional nos va a suponer hacer cambios importantes en nuestra vida.

Me gusta empezar la primera consulta sabiendo para que quiere venir la persona, porque de esta manera sé dos cosas fundamentales, cuál es su preocupación principal y si lo que quiere conseguir es realista y saludable o no lo es.

Si su objetivo no es realista, como por ejemplo bajar mucho peso en poco tiempo o dejar de tener atracones en poco tiempo, entre otros, procuro explicar que todo cambio de hábitos se consigue mediante un aprendizaje y una puesta en práctica que requiere su tiempo. Si llevamos x años comiendo y comportándonos frente a la comida de una determinada manera, no podemos cambiar esto en cuestión de días o semanas. Sobre todo, si es algo que queremos mantener en el futuro.

Las expectativas que tenemos cuando iniciamos un proceso de cambio suelen estar influenciadas por resultados fáciles y rápidos que nos prometen los anuncios y/o algunos influencers. Pero nada más lejos de la realidad. Todo cambio requiere un esfuerzo y un tiempo.

Además, las altas expectativas no hacen más que generar dolor y frustración en cuanto vemos que no las hemos conseguido, y nos culpamos pensando que hemos fracasado, que no somos capaces. Este sentimiento de no valía es realmente dañino, porque nos duele y nos impide avanzar.

Entiendo que cuando la persona llega a consulta, muchas veces lleva arrastrando un problema con la alimentación desde hace años. Y que la paciencia se agota. Pero tenemos que entender que la forma de alimentarnos viene afectada por una gran cantidad de vivencias, desde que nacemos. Por tanto, cambiar esto requiere de autoconocimiento, información contrastada, autoescucha, y más paciencia.

Entender que no es fácil, que somos seres humanos con nuestros días peores y mejores, y que estamos en el camino, nos ayudará a seguir.

Por eso antes de iniciar cambios de hábitos alimentarios conviene pararse a pensar que es lo que realmente busco. Y hacernos las siguientes preguntas, ¿es realista? ¿es saludable? Si la respuesta es no, reflexionemos sobre nuestro objetivo, seguro que podemos conseguir otras cosas que nos hagan sentir bien, sean realistas y saludables.