SIBO

SIBO (small intestine bacterial overgrowth). Estas siglas que hasta pocos años apenas conocíamos, cada vez las estamos escuchando más.

El SIBO es un sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado. Produce sintomatología diversa como hinchazón, gases, dolor abdominal, estreñimiento y/o diarrea, cambios en el peso, poco apetito, astenia, etc. Las causas también son diversas, tales como enfermedad inflamatoria intestinal, estrés crónico, cirugías abdominales, hipoclorhidria, consumo crónico de omeprazol o similares, gastritis crónica atrófica, etc.

El tratamiento más recomendado debe ser integral, es decir farmacológico (antibióticos) o herbáceos, dietoterápico (dieta baja en FODMAPs), y a veces también psicológico (gestión emocional).

Este artículo no tiene el objetivo de explicar en profundidad sobre el funcionamiento del SIBO (para eso ya disponemos de artículos escritos por otros compañeros nutricionistas, uno de los cuales comparto al final del post), sino de hacernos reflexionar sobre varios aspectos. Además, que son aspectos igualmente válidos para otras patologías gastrointestinales.

El primer punto a comentar es sobre la normalización de la sintomatología arriba descrita. Muchas personas pasan años conviviendo con molestias gastrointestinales, día sí y día también. Bien porque no se le da la importancia que realmente tiene, o bien porque van de médico en médico sin encontrar mejoría a su problemática. En muchas ocasiones, todo acaba en frases como “tendrás que aceptar esta condición” o “lo que tienes que hacer es relajarte”. Ojalá fuera tan sencillo.

El segundo tema del que me gustaría hablar es sobre la dietoterapia que se alarga demasiado en el tiempo. Una dieta baja en FODMAPs (Fermentable Oligo, Di, Monosaccharides And Polyol) requiere mucho esfuerzo por la persona que la hace, ya que es estricta. Hay algunos alimentos que se pueden comer y otros muchos que no. El problema reside cuando esta dietoterapia se alarga más de 6 semanas, ya que es el tiempo máximo recomendado. Si la alargamos más empezaremos a generar o agudizar una alteración de la microbiota intestinal, probables déficits nutricionales y más ansiedad en la persona que la sigue, entre otros.

El tercer aspecto a debate es tener un adecuado acompañamiento terapéutico, con profesionales actualizados. Ya que al ser un síndrome relativamente reciente muchos digestivos y/o nutricionistas no se han formado. Por tanto, conviene informarse antes de empezar a acudir a un profesional que nos ayude, ya que si no alargaremos mucho el proceso. Y si ya nos topamos con una persona empática tenemos mucho ganado. Nos merecemos siempre un trato justo.

A menudo, llegan a consulta personas que llevan ya mucho recorrido con médicos, pruebas y tratamientos, y se sienten cansadas, como es normal. Y ya no sólo hablamos de personas que tienen SIBO, también otras patologías digestivas igual o más molestas.

Me llevo muchos aprendizajes en la experiencia clínica. Como la importancia de la escucha y la comprensión. También es fundamental la revisión de cada caso según sus síntomas, ya que hay pruebas médicas que no nos dan mucha información o incluso pueden confundirnos. Y adaptar el plan alimentario lo mejor posible a la persona, respetando así sus gustos, necesidades y situación actual. Para que dentro de la dificultad de algunas dietoterapias, la persona pueda sentir cierta flexibilidad.

Y siempre derivar a otros profesionales especializados cuando sea necesario.

Dejo link de un artículo más técnico sobre el SIBO:

SIBO ¿Seguro que lo que tienes «solo son gases»? – Centro de Nutrición Ángela Moreno (angelamorenonutricion.com)